
Los seres humanos hemos adquirido evolutivamente un dispositivo que nos permite desarrollar con relativa facilidad el IDIOMA de la sociedad en la que nacemos. Es decir, parece ser un hecho que la LENGUA humana es un rasgo (o dispositivo ) programado en nuestra especie por la selección natural que ha desembocado en nuestra especie.
Sin embargo, para poder desarrollar el IDIOMA materno de cada uno ayudado por ese dispositivo que viene en nuestro programa genético, tiene que existir ese idioma en el entorno.
Y si, al principio no había idiomas por definición, ¿por qué la especie humana mutó de tal manera que sólo ella tuviera ese dispositivo que nos permite hablar de nuestra LENGUA humana (actualizada en cada uno de los innumerables IDIOMAS que existen)? Es decir, y en resumen: hay dos resultados evolutivos que explicar, (1) el biológico que nos ha dotado de un dispositivo mediante el que todos los seres humanos gozan de la facultad de LENGUA y (2) el cultural que determine qué tipo de IDIOMA adquirimos con el dispositivo 1.
La idea de Ruth Millikan (1993, 1998a y 1998b) sobre el desarrollo de la evolución puede quizá aportarnos un comienzo de solución.
Toda adaptación conseguida evolutivamente, sea corporal o comportamental, cumple una función apropiada para la supervivencia y/o reproducción de los individuos que la adquieren. Millikan cree, sin embargo, que las mutaciones tienen funciones que no atañen directamente a estos fines. Por ejemplo, los latidos del corazón no tienen por qué ser esenciales para realizar su función de hacer circular la sangre, ya que esto se podría haber conseguido de otra manera menos sincopada. Lo que es básico es que haya un órgano que realice la función circulatoria. Por ello, esta investigadora distingue entre funciones colaterales y básicas
Además, Millikan considera que las funciones básicas pueden a su vez distinguirse entre sí: aquellas que son producto directo de la mutación y llevan a una ventaja vital y aquellas que se derivan de éstas directas para conseguir un fin determinado (que indirectamente ayude a la supervivencia y/o la reproducción). Por ejemplo, el cambio de color en los camaleones es una mutación que les ayuda a sobrevivir; el dispositivo que permite dicho cambio sería, con arreglo a esta distinción, una función directa de esa característica evolutiva propia de esa especie. Ahora, si un camaleón se coloca sobre una plancha de color azul (cuyo color no existe realmente en la naturaleza) y se pone azul también, eso de ponerse azul en este caso es una función derivada de la función directa del dispositivo que cambia los colores del camaleón.. Pero supongamos que, a partir de un determinado punto en la historia camaleónica, todo se vuelve azul, por lo que ponerse azul será ya una función directa en dicho entorno totalmente azul. Con lo que se crea una cadena de posibles mutaciones que comienzan realizando funciones directas e indirectas, las cuales, a se vez, se convierten en directas para otra mutación derivada de la anterior, y tienen también funciones indirectas... etc.
Podemos ahora imaginar la historia del desarrollo de la capacidad lingüística del ser humano y de la utilización de los idiomas para ayudarse a comunicar con los demás a partir de la imagen de una cadena en cuyos eslabones las funciones directas en un nivel tendrían alguna función derivada que, en otro nivel se podría haber convertido en una función directa que tuviera otra serie de funciones derivadas, una de las cuales sería una función directa para el nivel siguiente, etc.
Tratemos de ilustrar esta imagen en los dos aspectos que dijimos que había que explicar de manera clara, a saber:
A) LA EVOLUCION NETAMENTE BIOLÓGICA
1) MOMENTO: Los organismos que reaccionan ante el peligro o ante la posibilidad de reproducción han obtenido una ventaja muy notoria sobre los organismos que simplemente se mueven y no se dan cuenta de si hay peligro o posibilidad de reproducirse. Supongamos pues que ésta capacidad de reaccionar ante estas dos situaciones proviene de una mutación cuya función directa es, naturalmente, muy valiosa para su supervivencia individual y específica.
2) MOMENTO: Es imaginable que la función directa de esta primera mutación fuera algo muy general (p.e., reaccionar ante movimientos bruscos con la huída y ante movimientos lentos con el acercamiento). Pero habría algunas funciones derivadas de ésta función directa. Así, y entre otras muchas, por ejemplo, la de reaccionar ante movimientos bruscos o suaves de ondas sonoras, en vez de visuales. Vamos a suponer que ello fuera así y que, en otro nivel evolutivo, dichas funciones derivadas fueran funciones directas de la creación de un conjunto de sonidos discriminantes con los que poder apuntar a situaciones más concretas, como “peligro que viene por el aire” o “peligro que viene por la tierra” con lo que los animales que hubieran adquirido este tipo de mutación ahorrarían esfuerzos y sabrían mejor dónde resguardarse. Estamos ante la creación de códigos que, en este primer eslabón de la cadena son automáticos. En los seres humanos quedan restos de estos códigos como cuando se erizan los cabellos o cuando ciertos órganos sexuales se preparan casi automáticamente para funcionar (causando a veces situaciones harto embarazosas). En los demás animales, desde las abejas a los perros, pasando por las aves, estos códigos son absolutamente incontestables y funcionan de manera automática.
3) MOMENTO: una de las posibles funciones derivadas de la utilización de elementos de un código específico es la de hacer que alguno de los individuos concernidos se fije en el que se comporta dentro de las posibilidades finitas de ese código. Es posible que, en un entorno más ajustado, no sea necesario hacer caso de todas las informaciones codificadas, con lo que se ahorra energía. La mutación que permite fijarse (y sopesar) si la comunicación codificada (que era derivada, en este nivel) puede muy bien adquirir una función directa esencial para explicar la comunicación humana en el próximo nivel.
4) MOMENTO: En efecto, la capacidad de incrustar una representación (la que se recibe codificada) dentro de otra que existe en la mente del individuo es una función directa en el nivel 3 que puede tener una función derivada: la de averiguar la intención del informador al comportarse comunicativamente.
5) MOMENTO: Una vez adquirida la facultad de interpretar la intención de los informantes, se utiliza para agilizar la comunicación, con lo que esta mutación adivinadora de intenciones pasa a tener la función directa de ayudar a comunicarse a los seres humanos a partir de esta atribución de intenciones y de la observación de los comportamientos codificados, muchos de los cuales, como se recuerda, vienen de fábrica. Sin embargo, una función derivada posible en este caso es que, al ofrecer la capacidad de fijarse en los comportamientos instintivos, éstos se puedan modular y así refinar las posibilidades comunicativas de manera notable.
6) MOMENTO: Esa modulación que, en un principio, debe de ser bastante aleatoria, adquiere una función derivada si alguna de ella se conforma también a base de estructuraciones ordenadas que permiten un mejor almacenamiento de comportamientos en la memoria y su consiguiente recuperación.
7) MOMENTO: se postula en algún marco teórico lingüístico (llamado “nativista”, “innatista” o “mentalista”) que existe una mutación posterior muy útil, la de la LENGUA humana, cuya función directa es precisamente realizar estructuraciones mentales una de cuyas funciones derivadas es tamizar todos los comportamientos verbales y lograr que se ajusten a características universales, con lo que se facilita enormemente el proceso de la formación de los códigos ya que se adquiere el que predomina en el grupo cultural (o social) en el que nace el individuo.
Entramos así, de manera natural, en los eslabones de características sociales en donde se siguen produciendo cambios de funciones derivadas de las directas en funciones nuevamente directas. Veamos cómo:
B) LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICO-SOCIAL
Según Origgi & Sperber (2000),
La cultura está compuesta por todos los elementos que se reproducen y se transmiten por medio de la comunicación en su sentido más amplio, incluso en la transmisión de información no intencional.. La función directa de un elemento cultural es (...) el efecto que elementos anteriores del mismo tipo han realizado en el pasado que son los que han causado que ese elemento se haya reproducido una y otra vez. Por ejemplo, un martillo, aunque pueda utilizarse como un pisapapeles tiene la función propia y directa de ayudar a clavar puntas, porque es la realización de este efecto (ayudar a clavar puntas) la que ha hecho que se reproduzcan los martillos una y otra vez.
8) MOMENTO: Los elementos lingüísticos son, en este sentido, indudablemente, elementos culturales cuya función directa es la de apuntar convencionalmente a algún tipo de realidad (no entramos ahora si esa realidad es un objeto exterior, o si es un concepto mental). Y su utilización continuada es lo que hace que se reproduzcan una y otra vez en las estructuras de la LENGUA humana preparada biológicamente, como hemos visto, para almacenarlos y acceder a ellos con mayor facilidad para realizar la función directa de contribuir de alguna manera al significado de las expresiones en donde se emplee. Las funciones derivadas son, por tanto, las que se consiguen en cada uno de los actos comunicativos en donde estos elementos culturales se emplean: unas veces, dichas funciones derivadas (como en el caso de los colores naturales que adquieren los camaleones) no se aparta mucho de su función original; otras, sin embargo, pueden ser bastante distintas a las que se estabilizaron en su funcionamiento directo (como ocurrió con el color azul de los camaleones). Todo depende ahora del contexto en donde se realice la interpretación de las intenciones del hablante.
Es decir, y resumiendo: tenemos un dispositivo biológico, el de la LENGUA que hace que seamos capaces de adquirir, retener y emplear elementos culturales, con lo que podemos decir que ésa (la función de utilizar elementos del entorno cultural) es la función biológica directa de ese dispositivo, mientras que, en cada utilización de un elemento cultural, realizamos funciones que se derivan de esa facultad. Sin embargo, cada elemento cultural tiene, a su vez, y en otro eslabón (o nivel) ya cultural, una función propia directa que es la de apuntar a una determinada realidad, la cual, a su vez, será indirecta en cada una de las actualizaciones (por lo que podrá variar en casos concretos). Con ello hemos terminado la descripción del proceso evolutivo de nuestra capacidad de comunicar mediante un idioma determinado hasta el punto en el que se encuentra hoy en día, sin caer en la ficción de considerar los elementos culturales como algo inamovible eternamente, ni postular que nuestra comunicación funciona esencialmente a base de codificaciones, porque hemos introducido en el proceso la facultad incrustadora que nos permite realizar operaciones lógicas utilizando dos tipos de datos: los que aparecen en los elementos culturales del idioma que estemos utilizando y los que derivemos a partir de nuestra facultad de interpretar las intenciones.